¿Qué como hoy? Lo más fácil es abrir la nevera y preparar ensaladas con cualquier cosa que encuentres. “Aquel trozo de queso que lleva una semana olvidado será perfecto para darle un poco de sabor a la lechuga”. Seguro que todos, al menos una vez, hemos pensado eso. 

¡Error! Las ensaladas, lejos de ser un plato simple, pueden convertirse en verdaderas sinfonías de gusto y sabor. Para ello, hay que tener cuidado y acordarse de evitar algunos errores. El primer paso para preparar ensaladas crujientes y ricas es secar las hojas. Sean espinacas, lechuga, canónigos o cualquier tipo de hoja, no vale con darle una vuelta en el escurridor: hay que tomarse el tiempo de secarlas bien si queremos que nuestros aderezos no se mezclen con el agua de las hojas y pierdan el sabor.

El segundo error típico es ahogar la ensalada en una bañera de vinagreta, salsa, aceite, zumo de limón o en cualquiera que sea tu aderezo favorito. Como referencia, no deberíamos pasarnos de una o dos cucharadas de aderezo por cada 4 tazas de hojas si queremos que nuestros ingredientes resalten. Por último, aliña la ensalada poco antes de servirla, para disfrutar al máximo de todos los sabores.

Y hablando de ingredientes, merece la pena recordar que la ensalada no es un plato al que puedas echarle de todo. Por ejemplo los picatostes fritos, el pollo rebozado, la cebolla crujiente, los palitos de merluza, se cargan tu propósito de comer sano antes de que hayas clavado el tenedor en las hojas. En vez del pollo rebozado, plantéate utilizar el pollo a la plancha, cambia los picatostes por frutos secos (pocos y sin sal), y si te gusta mucho el queso y no quieres renunciar a añadirlo, mejor el fresco que el curado. Ahora sí, de ahora en adelante preparar ensaladas será un placer y te ayudará a comer sano, ligero y con gusto.