Esta noche volveremos a mover las agujas del reloj para adaptarnos al horario de invierno. A las 3.00 del domingo, adelantaremos el reloj volviendo a ponerlo a las 2.00 horas, es decir que podremos disfrutar de una hora más de sueño. Pero, ¿cómo afecta a nuestro cuerpo el cambio al horario de invierno?

Hay varios estudios que demuestran que el cambio al horario de invierno tiene efectos nocivos en nuestra salud y de hecho, en los últimos meses la Unión Europea debatió mucho sobre la posibilidad de quedarnos con el horario de verano definitivamente. Sin embargo, de momento tendremos que cambiar la hora.

Nuestro cuerpo sufre mucho el cambio, ya que la luz es un regulador natural de nuestros procesos y de los ritmos circadianos. En los primeros días después del cambio, la mayoría de la población experimentará molestias del sueño, insomnio, dificultad de concentración y escaso rendimiento en el trabajo, con consecuente irritabilidad.

Estos efectos suelen durar unos días en algunos y hasta semanas en sujetos más sensibles. Los niveles de estrés aumentan y, salir de casa cuando aún no hay luz y salir del trabajo cuando ya ha anochecido aumenta la sensación de frustración.

¿Cómo podemos combatir los efectos nocivos del cambio al horario de invierno?

Comer bien nos ayuda a paliar algunos de los efectos negativos del cambio de horario. En los días siguientes al cambio de hora, deberíamos ajustar nuestra rutina atrasándola cada tres o cuatro días de unos 10/15 minutos hasta llegar a la hora en la que comíamos antes.

Lo ideal será evitar, al menos durante los primeros días, las comidas pesadas. Esto ayudará a que nuestro cuerpo sobrelleve el cambio de hora. Y sobre todo, evitar las siestas para combatir el cansancio: si nunca has sido de dormir después de comer, no empieces justo en estos días. Es preferible acostarse un poco antes por la noche, para que nuestro cuerpo descanse bien y se acostumbre a la nueva rutina.