Dulce y jugosa, esta pequeña fruta roja es una auténtica tentación. Con la llegada de la primavera, podemos disfrutar de una de las frutas más populares y deliciosas del campo: las fresas. Provenientes del fresal, una planta de la familia de las rosáceas, su nombre botánico –Fragaria vesca- deriva del latín fragans, que significa “olorosa” y apunta así a una de sus características: desprenden un perfume inconfundible cuando se encuentran en su punto óptimo de consumo.

Las fresas no solo son atractivas para el paladar, su consumo tiene efectos positivos para la salud. Las fresas aportan grandes beneficios al organismo, ya que este fruto rojo ayuda a prevenir el desarrollo de enfermedades cardiovasculares y potencia el sistema inmune. ¡Saborea sus cualidades!

Beneficios de las fresas

Ayudan a perder peso. Son una de las frutas menos calóricas que podemos encontrar en el mercado (100g. aportan unas 35 calorías), también es fuente de fibra y agua que proporcionan sensación de saciedad y ayudan a reducir los picos de hambre entre horas.  

Rica fuente de vitamina C. Una taza de fresas contiene el 136% de la cantidad diaria recomendada de esta vitamina, lo que las convierte en un poderoso antioxidante que potencia el sistema inmunitario.

Contribuyen a la salud ósea. La vitamina K, junto con el potasio y el magnesio, ayudan a fortalecer y cuidar los huesos. Además, esta fruta es una de las pocas que contiene una pequeña cantidad de calcio, un mineral esencial para prevenir la osteoporosis y evitar el riesgo de fracturas óseas.

Ayudan a disminuir el nivel de colesterol malo en sangre, gracias a la gran cantidad de ácido ascórbico, lecitina y pectina que contiene el fruto.

Potencian la salud ocular. Algunos estudios han señalado que las fresas mejoran la salud de los ojos al disminuir el riesgo de degeneración macular.

Cómo consumirla

La mejor forma de consumirla es tomarla al natural como postre o en ensaladas. Al ser una fruta de temporada muy perecedera, se presta muy bien a la elaboración de confituras o mermeladas. Para conservarlas bien se deben guardar en el frigorífico, a ser posible en un recipiente cerrado, para evitar que impregnen con su aroma a otros alimentos. Las fresas, por lo general, no admiten bien la congelación, ya que al descongelarse pierden gran parte de su estructura y aroma. Como es una fruta que no se pela, conviene lavarla bien para eliminar posibles sustancias químicas.