Vivimos tiempos frenéticos. El ritmo de vida actual de la mayoría de personas implicar prisas y estrés. Prisa por llegar a todas partes y estrés por cumplir con todas las obligaciones del día, desde las familiares a las laborales. Siempre de un lado a otro, haciendo varias cosas a la vez, sin poder centrarnos en ninguna en particular. Siempre pendientes del teléfono o el ordenador, siempre con la mente en varios sitios o con el rabillo del ojo puesto en algún lugar de nuestro alrededor.

Esta saturación de estímulos e información hace que muchas veces no seamos conscientes del momento presente; de lo que hacemos y sentimos en él. Precisamente, para remediar esta situación surgió el Mindfulness -también conocido como atención plena o conciencia plena-, una técnica basada en la meditación.  De hecho, la palabra mindfulnesses un antiguo sinónimo en inglés de attention. En líneas generales, se puede decir que el Mindfulness busca estar atento de la manera intencional a lo qué hacemos, a los pensamientos, las emociones, las sensaciones corporales y al ambiente, sin juzgar si son adecuados o no.

Practicar Mindfulness

El objetivo de la práctica del Mindfulness es separar la persona de sus pensamientos para poder reconocerlos y cuestionarse sus patrones mentales, otorgando todo el protagonismo al aquí y ahora a través de una atención total al momento presente.

Se recomienda iniciarse en la práctica de Mindfulness con sesiones diarias de unos diez minutos para ir acostumbrando a nuestra mente a la meditación. Una vez vayamos progresando y ya seamos capaces de crear estados mentales de meditación, podemos ampliar la práctica hasta los 30 minutos diarios.

Podemos realizar nuestra práctica, tano en un espacio cerrado como al aire libre. El único requisito es que sea un lugar tranquilo y silencio para que las distracciones ambientales no interfieran en la meditación. Para dejar que cuerpo y mente fluyan y se relajen, es importante vestir con ropa cómoda y liberarnos de los complementos, así como del calzado, si lo preferimos.

Basta con sentarnos cómodamente en el suelo, con la espalda erguida creando un ángulo recto con la zona pélvica para facilitar la respiración. La espalda tiene que permanecer recta y las piernas y los brazos tienen que permanecer relajados. Podemos dejar caer los brazos apoyándolos encima de las caderas, o simplemente dejarlos colgando. Para que esta postura resulte todavía más cómoda podemos ayudarnos de un cojín o una esterilla.

La primera fase del Mindfullness se centra en la respiración. Debemos concentrarnos en ella, escucharla, sentir como recorre nuestro cuerpo… Cuando nuestra atención esté centrada en la respiración podemos cantar un mantra para favorecer la relajación. El siguiente paso es visualizar una imagen relajante, ya sea un lugar real o imaginario para tratar de transportarnos hasta allí con nuestra mente. Se necesita mucha práctica para ser capaces de centrarse únicamente en una imagen mental. Una vez logrado esto, el siguiente paso es permitir que nuestra mente de vacíe y podamos tener la mente en blanco. Con el tiempo y la práctica conseguiremos lograr este estado de meditación profunda.