Almacenar frutas y verduras parece una tarea de lo más sencilla pero, si no se realiza de manera adecuada, no siempre se consigue preservar estos alimentos durante el máximo tiempo posible y sin perder sus nutrientes.

Luchar contra el desperdicio de los alimentos es una necesidad y una tarea que nos incumbe a todos para reducir nuestra huella ambiental y el impacto en el planeta. Por ello, te descubrimos seis trucos para conservar frutas y verduras durante más tiempo y en un estado siempre óptimo.

Productos sin refrigeración

No todo va en la nevera. Las patatas, boniatos, yuca, cebollas, ajos… es recomendable almacenarlos fuera del frigorífico, cada uno por separado, y en un lugar sin luz, fresco y en bolsas semi abiertas o perforadas para airearse.

Las que van en la nevera ¿dónde los colocamos?

Las frutas y verduras frescas pueden estropearse a temperaturas muy bajas, por eso deben conservarse en los cajones del frigorífico, donde se pueden llegar a alcanzar los 10 ºC. Los cajones ayudan a mantener la humedad necesaria para asegurar una mejor conservación.

Frutas y verduras prefieren la sequedad

La humedad propicia la aparición de hongos, por ello, es aconsejable secar los alimentos antes de conservarlos. Puedes secarlos un poco antes de guardarlos o colocar una servilleta de papel en el fondo de los recipientes en el que los almacenes para que absorban el exceso de humedad.

Guardar las piezas sin cortar

Tanto frutas como hortalizas es mejor guardarlas en piezas enteras y con piel, puesto que si se hace en trozos pierden nutrientes con más rapidez. De todas maneras, si hay zonas demasiado maduras o con alguna herida, hay que retirarlas para evitar que se estropeen y pasen al resto del alimento.

¿Cómo conservar verduras cortadas y limpias?

Si prefieres guardar la verdura lista par cocinar, es decir, cortada y limpia, un buen sistema son bolsas herméticas, tipo clic, o recipientes cerrados. Otra alternativa, es pasarlas al congelador. En este caso, se recomienda no mantenerlas más de 2 semanas congeladas.

No llenar la nevera en exceso.

Sobrecargar la nevera afecta a la conservación de los productos ya que, si está demasiado llena, el aire no circula correctamente y la temperatura no es lo suficientemente baja para mantener los alimentos a la temperatura idónea.