Los cerezos en flor anuncian el equinoccio de primavera y representan una de las mayores manifestaciones de belleza de la naturaleza. Para los japoneses la flor de sakura es un símbolo de pureza y en las ciudades abundan los cerezos ornamentales, que no dan frutos, pero que se cultivan por su valor decorativo y por tratarse de un emblema nacional.

Se cree que la cereza es originaria de Asia Menor y que su cultivo proviene de la antigua colonia griega Kerasos, la actual Giresun, en la costa del mar Negro. Las aves y las migraciones humanas contribuyeron a su difusión y hoy el cerezo se cultiva en muchas zonas del mundo con clima templado.

Propiedades de las cerezas

> Las cerezas son una de las pocas fuentes alimenticias que contienen melatonina, un antioxidante que ayuda a regular el ritmo cardíaco y los ciclos de sueño. También aportan antocianinas, un antioxidante que favorece la reducción de enfermedades cardíacas.

> Sus poderosos beneficios anti-inflamatorios convierten las cerezas en un buen remedio para una rápida recuperación muscular. Las cerezas y las guindas, entre otros frutos rojos, por su riqueza en antocianinas antioxidantes, son frutas idóneas para acelerar la recuperación muscular de los deportistas.

> Son ricas en beta-caroteno (vitamina A), además de vitamina C, E, potasio, magnesio, hierro y ácido fólico.

> Son una buena fuente de fibra, importante para la salud digestiva.

> Ayudan a mantener nuestro peso, debido al poco aporte de calorías. 100 g de cerezas proporcionan unas 50 calorías.

> Son uno de los mejores “alimentos para el cerebro”, ayudando a mantener la salud de tu cerebro y en la prevención de la pérdida de memoria.

Las cerezas en la cocina

Las cerezas alcanzan su plenitud en primavera, aunque alguna variedad se prolonga hasta finales de verano. Además de consumirse como fruta de mesa, también es posible incluirlas en ensaladas, sopas, salsas, postres, helados o guarnición para nuestros platos.

Una de las principales diferencias es la que se establece entre cerezas y picotas. Las cerezas –generalmente dulces– presentan un rabo largo y fino, mientras que las picotas –más grandes, rojas y oscuras, y ligeramente ácidas– se comercializan sin el rabo, ya que se desprende de manera natural al ser recolectadas.

Para conservarlas en perfecto estado, lo hay que evitar que las cerezas sufran cambios bruscos de temperatura y deben conservarse en la parte alta de la nevera, sin amontonarlas y tapadas con un paño, si es posible no más de tres días.