Si durante toda tu vida te ha importado poco cómo te alimentabas y ahora te has dado cuenta de lo importante que es vigilar con la comida pero no tienes muchos conocimientos al respecto, este es tu post. La alimentación healthy tiene tantos beneficios para el organismo y el estado de ánimo que no hay ni que pensárselo dos veces para pasarte a ella, aunque quizá necesites tener en cuenta algunos conceptos básicos. Ahí van.

Debes evitar alimentos modificados, manipulados, refinados o procesados en un laboratorio o por una fábrica con azúcares añadidos, conservantes, colorantes, grasas hidrogenadas o sal añadida. Son componentes artificiales para potenciar el sabor, mejorar su aspecto y/o alargar su fecha de caducidad. Por eso es tan importante saber leer las etiquetas nutricionales; ahí está toda la información. Debes huir de los alimentos que incluyen componentes que empiezan por E- o que llevan algo que acaba en -osa (indican azúcares añadidos).

Apuesta por la llamada “comida real”: fruta fresca y verduras, proteínas magras, frutos secos y semillas naturales, cereales enteros, lácteos naturales y legumbres. No solo están libres de productos artificiales, sino que contienen los nutrientes esenciales para nuestro organismo.

Sigue una dieta variada. No hay un solo alimento que contenga los más de 40 nutrientes diferentes que necesita el cuerpo, así que toca diversificar. Eso sí, poniendo en la base los que son ricos en hidratos de carbono. Frutas y verduras son básicas también para seguir una alimentación saludable. Por tanto, cada día hay que comer frutas, verduras, hortalizas, cereales, productos lácteos, pan y aceite de oliva (el arroz y la pasta pueden alternarse). Y algunas veces a la semana, pescados blancos y azules, legumbres, huevos, carnes, embutidos, frutos secos.

 ¿Sal? Siempre que no abuses de ella, adelante. La cantidad diaria recomendable es menos de 5 gramos. Pero ojo, porque hay muchos productos salados. Así que para potenciar los sabores siempre tienes la alternativa de echar mano de hierbas aromáticas, vinagre o especias.

 Come con moderación y regularmente. Si te saltas el desayuno, por ejemplo, perderás fuerza para iniciar el día y te provocará un hambre mayor de lo habitual a la hora de comer, con lo que comerás más y a tu cuerpo le costará más asimilarlo. No hay que forzar la máquina: por eso es bueno desayunar, tomar algún refrigerio antes de comer y merendar antes de cenar. En este caso, más es menos.

Haz ejercicio e hidrátate. La actividad física sirve para quemar el exceso de calorías que proviene de proteínas, grasas, hidratos de carbono y alcohol, ayuda a combatir el sobrepeso y mejora el estado de ánimo, mientras que beber líquido (1,5 litros al día) es vital para el organismo.