Si bien ya se sabe que hay proteger la piel durante la exposición solar, lo que tenemos poco en cuenta es que también es imprescindible tratarla de forma adecuada después de tomar el sol. Ello permite prevenir eficazmente sintomatologías concretas de la radiación solar, como manchas, deshidratación o inflamación cutánea ¿Qué necesita la piel?

Toma una ducha refrescante. El agua fría tiene beneficios para tu cuerpo, te da energía y mejora la oxigenación de la piel. Después de la exposición al sol, es ideal y necesaria porque elimina el salitre o el cloro. También puedes utilizar un gel de baño neutro, que ayuda a la protección natural de la piel y activa la restauración cutánea. Ah, y recuerda: ¡No olvides secarte sin frotar!

Suaviza tu piel. Tras la refrescante ducha, es conveniente usar una emulsión regeneradora y calmante. Existen muchas opciones indicadas para después del sol como las cremas hidratantes que están formuladas con ingredientes naturales como el aloe vera o las almendras dulces. Todas ellas las debes aplicar por la cara y el cuerpo con la piel limpia y seca, con un suave masaje para que tengan un mayor efecto.

Hidrata tu cuerpo. La sequedad cutánea es provocada por la deshidratación, lo que hace que tu piel se pele y pierda el color. Bebe abundante agua – entre dos y tres litros diarios – y aplica una emulsión con alto poder hidratante y renegadoras.

Cuida tu alimentaciónUna buena alimentación y el consumo de productos adecuados permite adquirir un tono de piel bronceado, pero también es importante mantenerlo. Para ello, puedes aumentar el consumo de frutas y verduras ricas en carotenos, que estimulan la formación de melanina, sustancia responsable de la pigmentación de la piel. Las zanahorias, los melocotones, las cerezas y las fresas son una excelente opción, acompáñalas con verduras de color verde oscuro, especialmente las espinacas, lo que hará que mantengas tu bronceado de manera natural.