Manantial de sabores, saludable elección y fuente de inspiración gastronómica, el aceite de oliva es uno de los productos de la cocina mediterránea de tradición más ancestral y con mejor reputación por sus excelentes cualidades nutricionales. Su uso se ha convertido en todo un arte que viste de gala cualquier plato, desde las creaciones de los grandes chefs hasta las elaboraciones más sencillas.

De hecho, muchos foodies, sibaritas y amantes del buen comer no dudan en saber identificar diferentes sabores y matices en función del aceite de oliva que prueban. Os invitamos a conocer las cuatro etapas clave para catar un aceite desgranando todas y cada una de sus cualidades.

1.     Etapa visual

Es muy importante fijarse en el color, que debe ir del amarillo oro de los aceites más maduros y dulces al verde intenso, característico de los aceites herbáceos y con un toque más amargo. Para un catador profesional, el aspecto es muy importante, ya que debe ser limpio y brillante (por ello los aceites oscuros y turbios los consideran defectuosos). No obstante, cuando se habla de aceites de oliva en rama (sin filtrar), es normal que su aspecto sea algo turbio e incluso presente ‘posos’ en el fondo del recipiente, aunque eso sí, ha de presentar un color vivo y brillante como signo de frescura. Cuando se realiza una cata profesional, esta fase visual no se tiene en cuenta, de forma que el catador no se vea influido por el color del aceite que va a catar. Por ello, en estos casos es habitual utilizar un vaso de color oscuro, normalmente azul, que evita que se distinga claramente el color del aceite.

2. Etapa olfativa

Para muchos se trata de la fase decisiva. En este momento se ha de calentar la copa entre las manos hasta que alcance la temperatura ideal de cata, unos 28 grados centígrados e inclinarla lentamente para que se impregne bien, tapándola durante unos segundos para que se concentren los aromas. Acto seguido se inspira con profundidad intentando traer a la memoria el recuerdo de aromas ‘conocidos’. Los que más aparecen en este instante son las reminiscencias de aceituna verde, aceituna madura, manzana, higuera, hierba verde, tomateras y hojas verdes. Es un acto que requiere de mucha concentración y que guiará decisivamente en el siguiente paso en función de las notas que se logren reconocer.

3. Etapa gustativa

Por fin llega el momento de probar el oro líquido. Instante para valorar su intensidad de sabor y las sensaciones que produce en boca. Para realizarlo correctamente, hay que distribuirlo por toda la cavidad bucal permitiendo que llegue a todos sus rincones lentamente. También se recomienda aspirar aire fresco para que el olfato y el gusto se encuentren y, a continuación, sorber aire suavemente por la boca, efecto que multiplica las percepciones. Los sabores dulces se apreciarán en la parte frontal de la lengua, mientras que los verdes, picantes y amargos se distinguirán en la parte posterior del paladar.

Concluyendo, las sensaciones al gusto más corrientes durante la cata pueden ser: dulce, picante, amargo, verde, frutal o frutos secos. Una vez se vacía la boca, debe comprobarse si perdura alguna sensación gustativa, es decir, si queda presente algún retrogusto que brinde nuevos matices.

4. Etapa táctil

Las sensaciones táctiles en la lengua y el paladar sirven para captar y describir la textura y consistencia del aceite, que puede ser fluida, suave, acuosa, densa o pastosa. Estas cualidades dependerán del contenido en ácido oleico del aceite de oliva, su grasa monoinsaturada más preciada, y está estrechamente ligado con la variedad de aceituna. Por ejemplo, un aceite de oliva virgen extra procedente de aceitunas picual tendrá una concentración en ácido oleico muy superior al que procede de aceitunas arbequina, por lo que su textura será más densa.