La calabaza es tan sumamente versátil, rica, nutritiva, económica y sofisticada que podríamos comerla prácticamente cada día de la semana sin cansarnos en diferentes recetas. Como todas estas:

En crema
Su sabor es tan dulzón y su textura tan aterciopelada que la calabaza nunca falla y suele agradar también a los más pequeños de la casa, incluso a aquellos que se resisten al mundo de la verdura. Se puede tomar sola o combinada con otras verduras (puerro, zanahoria o calabacín) y puede rematarse con un chorro de aceite de oliva virgen extra, unos picatostes y unas virutas de jamón. Tiene pocas calorías, es saciante, nutritiva, tiene fibra y es muy pero que muy otoñal.

Al horno

Acostumbrarse a comer verdura en todas los ágapes es un hábito fundamental si queremos tener un estilo de vida saludable. Para ello conviene tener presente que por más que nuestro plato incluya proteína o hidratos de carbono siempre debería haber un lugar para la verdura, que puede ser una guarnición estupenda si la cocinamos con gracia e imaginación. Una calabaza asada al horno con hierbas aromáticas y aceite de oliva virgen extra es ideal para acompañar, pongamos por caso, un pollo a la plancha o un filete de salmón.

En pastel

Si amamos la repostería nada mejor que preparar un pastel de calabaza casero para esas meriendas golosas y saludables que tanto nos gustan. Nos aprovecharemos de la gran cantidad de vitaminas y minerales de este alimento versátil hasta la médula y la vez disfrutaremos de un señor guilty pleasure.

Cruda

Seguro que nunca habías pensado que del mismo modo que rallas zanahoria puedes hacerlo también con la calabaza, que quedará estupendamente en ensaladas variadas, con quinoa, con pasta, con cuscús o con brotes, dándoles un toque dulce y sofisticado al mismo tiempo.