¡Mañana empieza la primavera! Sale el sol, los días son más largos y, cuando todo parecía ser estupendo y maravilloso, resulta que no nos encontramos tan bien como esperábamos.

Para muchas personas, el cambio de estación también es sinónimo de fatiga, debilidad o incluso de cierta tristeza. Pero no hay que asustarse ante estos síntomas, son muy comunes en esta época del año.

Durante las primeras semanas de primavera, nuestro cuerpo se tiene que acostumbrar a varios cambios bruscos de golpe: el horario, la rutina, las horas de luz y, sobre todo, la temperatura afectan directamente a nuestra producción de hormonas y nuestras defensas, de ahí los síntomas.

Este proceso de adaptación es lo que los expertos definen como astenia primaveral. Aunque no hay ningún remedio ni medicamento para superarla más rápidamente, con la alimentación adecuada podemos reducir sus síntomas.

Las alimentos de temporada serán imprescindibles en nuestra dieta. Su riqueza en vitaminas y minerales nos ayudarán a fortalecer el organismo y, poco a poco, acostumbrarnos a comer platos más ligeros y, a poder ser, elaborados con productos frescos y crudos.

La fruta, la verdura, las legumbres, el pescado, los frutos secos y los cereales integrales serán nuestros aliados. Pondremos especial atención a aquellos alimentos que nos hidraten y aporten antioxidantes, vitamina C y omega 3, y evitaremos los dulces, los fritos, los embutidos y los productos preparados.