Las mascarillas faciales son muy beneficiosas para la salud de la piel, ya que tienen un efecto mucho más potente que las cremas por la concentración de los principios activos que poseen. Por eso, una vez por semana es buena idea aplicarnos una, para contrarrestar las carencias que pueda tener nuestra piel: falta de hidratación, un exceso de grasa, un tono apagado…

Antes de aplicarse una mascarilla, es fundamental limpiarse la cara correctamente y después aplicar la fórmula que se adapta a la necesidad de tu piel:  hidratar iluminar, calmar…

En esta línea, son muy recomendables las mascarillas caseras, porque además de económicas, son más frescas y naturales. Aquí van unos ejemplos:

  1. Para hidratar:

Tritura unas fresas (4 ó 5) y mézclalas con miel. Aplícate la pasta conseguida sobre el rostro y déjala 20 minutos. Después retira con agua fría.

  1. Para exfoliar:

Tritura dos almendras hasta que queden reducidas a polvo y mézclalas con una cucharada de miel y otra de zumo de limón. Pon la mascarilla sobre el rostro, deja actuar unos 10-15 minutos y retira con agua templada.

  1. Para equilibrar la piel grasa:

3 cucharadas de yogur natural, 2 de avena y 2 cucharadas de ralladura de naranja. Mezcla bien todos los ingredientes, coloca la pasta sobre el rostro y espera 15 minutos antes de retirarla.

  1. Para reafirmar:

Tritura unos trozos de melocotón maduros y la clara de un huevo. Aplica sobre el rostro y deja actuar 20 minutos. Retira con agua fría.